El empíreo blanco del Caribe

Arenas blancas de coral que no queman al pisar, aguas de cristal turquesa, brisas frescas de 28 °C todo el año en un eterno verano tropical… El mito del paraíso se desvanece cuando presenciamos la pureza natural que nos ofrece el Parque Nacional Los Roques y bendecimos la vista con sus surreales escenarios. Una experiencia sensorial inédita que queda grabada en la memoria para siempre. Desde el corazón del Caribe, este conjunto de islas celestiales nos invita a tener una aventura de vida única.

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Composición de las playas en Los Roques | Julio Arreaza

Ubicado en la zona centro-sur del Mar de Las Antillas y a solo 168 km de Caracas, el archipiélago venezolano deslumbra y sorprende apenas se visualiza desde el aire. El Caribe se luce en el espectáculo, trazando coloridas capas que destacan desde su azul profundo hasta el verde brillante de la vegetación, otorgando así un genuino obsequio visual de bienvenida y un souvenir mental al partir. La mayoría de los visitantes llega por aire, aunque también pueden llegar por mar en embarcaciones privadas. A Los Roques lo forman más de 300 islas y cayos, en un arreglo que parece el diseño de referencia del paraíso.

La bienvenida es en el Gran Roque, la isla principal y más grande, en el único aeropuerto, ubicado a pocos metros de la playa. Aquí reside la mayor parte de la población local, que no supera las 4.000 personas, se encuentra la única escuela, unas pocas sedes administrativas y una colorida reunión de casas y posadas. El encanto del lugar se completa con sus calles de arena, permitiendo la caminata descalza, y con un faro holandés en lo más alto de su pequeña cadena montañosa, al que se puede realizar un agradable paseo cuando el sol va despidiendo el día.

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Capas coloridas en sobrevuelo | Julio Arreaza

 

Parque marino, naturaleza protegida

Los Roques fue declarado parque nacional por su alto valor ecológico y su rica biodiversidad, medida que ha regulado todas las actividades comerciales con miras a conservar y proteger el espacio natural. Esto lo convierte en el parque marino más grande de Latinoamérica y en un destino turístico poco convencional, donde se puede disfrutar de la naturaleza en su forma más pura.

Ante la ausencia de grandes hoteles y resorts por su condición de parque nacional, las pequeñas posadas son las grandes protagonistas, donde hay desde las más sencillas hasta las más sofisticadas en servicios e infraestructura, para todos los gustos. La gran mayoría se agrupa en el Gran Roque, conformando un pueblito caribeño muy alegre y accesible. Aquí, la oportunidad de desconexión es invaluable y se respira bienestar en cada bocanada de aire.

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Detalle de una posada en El Gran Roque | Julio Arreaza

La riqueza natural de Los Roques estimula los sentidos con todas sus fuerzas, comenzando por su impactante base blanca de arena de origen coralino, que traza las formas y tonos del electrizante paisaje. Por ser literalmente coral molido, esta arena no absorbe los rayos solares, dándole la particularidad de poder caminarla en plena luz del día sin quemarse los pies. El archipiélago cuenta también con uno de arrecifes de coral más diversos y conservados del Caribe, donde abundan y hacen vida diferentes especies marinas, como la delicada tortuga verde. Un paraíso total para el buceo y el snorkeling. Las aves también son grandes protagonistas del lugar, donde destaca la icónica gaviota guanaguanare y de donde surge un punto de encuentro principal de aves migratorias del norte.

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Naturaleza coralina de la arena | Julio Arreaza

 

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Gaviotas guanaguanare | Julio Arreaza

Recorriendo islas y piscinas naturales

Un día en Los Roques tiene como punto de partida el puerto del Gran Roque, donde se puede elegir desde catamaranes hasta pequeños botes llamados localmente “peñeros”, que hacen el servicio de transporte. Ante la gran variedad de islas y cayos, las opciones de disfrute son generosas y relajantes. Entre los destinos más populares y visitados se encuentran Francisquí, Madrisquí, Crasquí y Cayo de Agua. El lanchero incluye normalmente sombrilla y puestos en la playa destino, los cuales son esenciales ante el siempre sonriente sol. Es muy recomendable llevar una cava con hielo, hidratación y comida para el día, ya que los servicios son limitados. Muchas posadas incluyen tanto el transporte como la preparación de cavas con delicias locales para el día de playa.

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Puerto de peñeros | Julio Arreaza

Francisquí es una de las más cercanas y populares islas tanto para visitantes como para embarcaciones que pernoctan allí. Cuenta con un restaurant muy playero, actividades y deportes acuáticos y con una espectacular piscina natural al otro lado de la isla, de tonos imposibles de azul y perfecto para el buceo. También cerca se encuentra Madrisquí, más tranquila e ideal para el descanso, con un cayo donde se concentran todos los pescadores y sus casas en frente. Un poco más lejos se encuentra la bella isla de Crasquí, donde abundan las aves marinas y las aguas cristalinas, que cuenta también con un restaurant donde se pueden degustar las pescas del día y actividades recreativas para todos los gustos como windsurf y kayak. Más lejos y requiriendo un día completo, está Cayo de Agua, donde una espectacular mezcla de playas solitarias que se encuentran y comparten oleajes que fácilmente deja sin palabras a quien la observa. De hecho, este cayo figura en listas entre las mejores playas del mundo.

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Camino blanco en Francisquí | Julio Arreaza

De regreso al Gran Roque se pueden disfrutar de las espectaculares puestas de sol, caminar tranquilamente por el pueblo y conocer gente nueva, degustar las propuestas gastronómicas de los restaurantes y posadas, hacerse un masaje relajante, disfrutar de algún juego o simplemente sentarse en primera fila a disfrutar de un coctel mientras se observa el horizonte de nubes eternas y se agradece el día. Si invade el espíritu aventurero o romántico, siempre se puede contratar un peñero personal al día siguiente para hacer un recorrido de diferentes islas o visitar alguna, entre el gran repertorio disponible, que se convierta en privada por el día. Un sutil y emocionante recordatorio de que nos encontramos en el paraíso.

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Tranquilidad a orillas del Gran Roque | Julio Arreaza

Festividades de color blanco

Una advocación de la Virgen María se consolida con fuerza en la imagen de la llamada virgen de los pescadores: la Virgen del Valle, que representa culturalmente todo el oriente y las islas de Venezuela. Ataviada de un manto blanco, y originaria de la isla de Margarita, cuida de sus millones de seguidores. El 8 de Septiembre de cada año es su festividad y Los Roques se une en la procesión nacional que se oficia con una misa en la pequeña iglesia del Gran Roque. Es tan legendaria la virgen, que en la piscina natural de Francisquí se encuentra una sumergida, depositada allí por una promesa y visitada como un atractivo por los buceadores que la exploran.

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Virgen del Valle con su iglesia de fondo | Julio Arreaza

Otra festividad importante y conocida llega con la temporada de pesca de langosta, que empieza en noviembre y termina a finales de abril. Los demás meses del año, en la época de reproducción de las langostas, la pesca está prohibida para conservar la especie y mantener el equilibrio. La celebración comienza con un concurso gastronómico en que las diferentes posadas y restaurantes crean platos utilizando este preciado manjar blanco. También se preparan las famosas empanadas de langosta como plato típico en los desayunos. Esto complementa una experiencia inolvidable donde se conjugan todos los sabores propios del lugar.

Evocando paisajes sentidos

Es para los venezolanos un orgullo contar con un auténtico paraíso como Los Roques entre sus tesoros. Un lugar genuinamente mágico que queda grabado en la memoria por siempre, se siente uno en el cielo, en el empíreo, en un oasis tropical que se mantiene a la vez en el tiempo y en el corazón del Caribe. La icónica canción “Venezuela”, uno de los himnos del país, evoca el sentir cultural por el mar y el Caribe. Aquí dos de sus estrofas:

Llevo tu luz y tu aroma en mi piel,

y el cuatro en el corazón.

Llevo en mi sangre la espuma del mar

y tu horizonte en mis ojos.

No envidio el vuelo ni el grito al turpial,

soy como el viento en la mies.

Siento al Caribe como una mujer,

soy así, qué voy a hacer!

Al ponerse el sol y recordarnos lo vivido, nos sentimos dichosos al saber que este conjunto de islas amables nos invita a degustar sus maravillas con todos nuestros sentidos. Siempre recordando la importancia del turismo inteligente y sostenible, que respete y honre los privilegios que nos brinda este espacio natural y que sigan haciendo de Los Roques “el empíreo blanco del Caribe”.

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El empíreo blanco del Caribe | Julio Arreaza

 

Julio

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